lunes, 5 de julio de 2010

Un breve resumen a cerca de la situacion por la que pasa nuestra provincia, Misiones...

La enorme región que conforman la “Selva Paranaense” y el “Corredor Verde”, que incluye la casi totalidad de la provincia de Misiones, parte del Paraguay y del Sur de Brasil, se caracterizaba por la presencia de abundante agua, en el subsuelo, en superficie y en el aire. El agua es fuente de vida y en la región la vida se llama monte. Que se genera y se mantiene gracias a la presencia de agua, pero que a su vez, el monte genera agua, la almacena y permite su uso racional.

El monte es vida, gracias a la generación, de agua, de oxígeno.. Además metaboliza muchas sustancias que se producen en el ambiente y con la acción del hombre. Pero también es regulación de humedad, de temperatura, de clima. Es un cuerpo vivo e integrado, que se autosustenta y autocura. El monte produce y acumula energía y su desaparición, en el corto tiempo, la libera, contribuyendo al aumento del efecto invernadero. La vida del monte es importante también en el suelo, en el subsuelo, en la tierra, en lo que no vemos.

CICLO DEL AGUA:

La raíz del árbol permite la entrada del agua al subsuelo. Así se alimentan las napas y los acuíferos y el agua circula. El agua y el oxígeno que se filtran alrededor de las raíces vivas, alimentan y mantienen vivo al suelo. Y nuestra “Madre Tierra, la “Pachamama”, se llena de vida y nos permite compartirla, gracias a los alimentos que producimos y que nos comunican con “Ella” y nos dan vida sana y espiritualidad positiva.

El agua del Planeta circula siempre. Los océanos, ríos, lagos, acuíferos etc. se comunican entre sí. Lo podemos ejemplificar con la circulación de nuestra sangre. Si cortamos el ir y venir del agua, en el Mundo o de sangre, en el cuerpo, la vida se detiene, las defensas caen y la enfermedad y la muerte se presentan en distintas formas.

Nuestros “Antiguos Pobladores” siempre cuidaron de ella, pensando también en las generaciones futuras. Nosotros no sabemos hasta cuando tendremos vida.

El agua es un bien natural, un don de Dios, un derecho fundamental, como el derecho a la vida, que de eso se trata. No lo podemos considerar como recurso, como comercio.

EN MISIONES:

Además del masivo y brutal desmonte que venimos sufriendo, principalmente en los últimos cincuenta años, se agrega la implantación de pinos exóticos. Se calcula que cada pino adulto absorbe unos cuatrocientos litros de agua, por día. Claro que parte sirve para que la planta crezca rápido y sea rentable. El resto del agua caerá del árbol, ésta vez como lluvia ácida, imposibilitando la vida en el sotobosque. Pinos y vida son incompatibles y cabe la figura que usa nuestro Obispo Joaquín Piña, al respecto. El dice que no quiere ser Obispo de pinos sino de la gente, en clara alusión a la expulsión de campesinos que produce, la presencia de pinos en Misiones. Como pasa con la soja en el Sur.

La implantación de monocultivos, con especies extrañas o modificadas genéticamente, como el pino y la soja, requieren el uso de agrotóxicos, como los herbicidas y otros venenos, que agregan el componente de contaminación, en lo poco que va quedando de agua.

La falta de agua en las Cataratas del Iguazú nos sirve de testimonio y prueba, de lo que nos ocurre en Misiones y en toda la región. Y también más allá.

¿QUIÉN SE LLEVA EL AGUA?:

Los pinos hacen falta para alimentar las fábricas de celulosa, las pasteras. Que a su vez necesitan mucha agua para producir la pasta. Por eso insistimos en que la instalación de más fábricas de pasta no responde a traer contaminación a nuestros paíces, sino a “robarse el agua”.

Pinos y soja necesita el primer mundo y no nosotros. Si seguimos haciendo caso a la necesidad de los otros, nos quedamos sin agua y sin vida.

EL CONFLICTO DE TIERRA:

Desde la paridad del 3 a 1, aumentó la exportación y también la pobreza. El poder de turno disfruta de una economía que lo favorece, en desmedro del resto y de las generaciones venideras. Su consigna actual es echar a la gente de sus chacras y reemplazarlos por pinos. Los conflictos por la tenencia se multiplican. El Estado se favorece con las retenciones a la exportaciones y media a favor de las grandes propiedades.

La cantidad de pinos, implantados en Misiones, es directamente proporcional al aumento de su pobreza, a la degradación del suelo y de su biodiversidad y a la disminución del agua de su subsuelo y superficie

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